Posts Tagged ‘Helmut Schatte’

Camino angosto sin atajos – Helmut Schatte

Buscar atajos constituye un deporte muy popular: toda vez que se consigue obstáculo en la calle o en la carretera, podemos ver como nunca faltan esos que se salen de la vía buscando un atajo, se reincorporan más adelante con desprecio para con aquellos “bobos” que quedaron pacientemente en espera, ¿se creen más vivos? Evidentemente así pareciera, pero en la realidad sólo consiguieron ganar unos cuantos segundos, tal vez minutos, una cantidad despreciable de tiempo. También los hemos visto cuando el trafico se tranca en carretera angosta de dos vías por algún accidente, allí saliéndose de la columna ocupan el canal donde se supone vendrán los que circulan en dirección contraria, para conformar una verdadera barrera de vehículos, mirándose frente a frente y sin ninguna posibilidad de solución.

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Cristo Cortanota – Helmut Schatte

Aún conservo algunas costumbres de soltero, como esa de llegar a casa, entrar a mi cuarto y prender la televisión, en esas circunstancias suelo ver fragmentos de películas en forma intermitente, entre las idas al baño y las visitas al closet, si el tema vale la pena puede ser que le ponga atención completa y dependiendo de lo avanzado de la trama es que decido terminarla de ver o no, en este caso fue precisamente el tema quien me atrapó pues aunque de ciencia ficción, planteaba el descubrimiento en una excavación arqueológica en Jerusalén, de un cuerpo que supuestamente podía ser el de Jesucristo, ¿se imaginan que tal cosa sucediese?, significaría que Cristo no resucitó; el derrumbe del cristianismo pues desaparecería el personaje central, la piedra angular sobre la cual está fundado el cristianismo.

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La Familia Cristiana – Helmut Schatte

Nuestros ojos perciben a las personas como gordas, flacas, bajas, altas, feas, bonitas, nuestro olfato califica al hediendo o perfumado, nuestros oídos clasifican al que habla duro, ronco, chillón, o afónico. Nuestras características físicas son detectables por medio de nuestros sentidos. Lo que está a la vista de los demás también debería estar para nuestros propios ojos pero curiosamente tendemos a ignorarlos, incluso quien está pasado de peso suele molestarse si se lo recuerda.

Hay otro aspecto que no se capta con los sentidos: el carácter, cuyos rasgos son intangibles, no visibles, ni olibles, ni audibles, es el espejo del espíritu, lo definen como “animo, valor, aliento, brío, esfuerzo”, ese carácter albergado por nuestro espíritu resulta de la sumatoria de mente, emociones y voluntad, todos encerrados en ese contenedor llamado espíritu, el que si está iluminado por el Espíritu de Dios brillará por sus características de “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza” (Gálatas 5:22), mas si ese espíritu es gobernado por el cuerpo y sus sentidos, tendrá el riesgo inminente de “adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, homicidios, borracheras y orgías”(Gálatas 5: 19-21).

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Soberbia – Helmut Schatte

La soberbia es un pecado tan común que por su popularidad pasa mimetizada como parte del paisaje, la soberbia es la que lleva a los hombres a erigirse como su propio dios, su escala de valores y prioridades son tan monotemáticas pues empiezan con un “yo” y terminan con el mismo “yo”. “Jalisco nunca pierde”, es testarudo al extremo, normalmente le fascina que lo adulen, se distinguen en el grupo pues nadie quiere discutir con él pues tal acción es considerada como una agresión en su contra o una clara pérdida de tiempo, cuando junta tal adorno con ignorancia y autoridad, se transforma en algo mucho más peligroso que un niño manejando una locomotora.

No acepta consejos ni le importa opinión que no sea la propia, si se le lleva la contra cae fácilmente en la violencia. “Por la soberbia sólo viene la contienda, mas con los que reciben consejos está la sabiduría”(Proverbios13:10).

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Endiosamiento – Helmut Schatte

El hombre ha reemplazado sus dioses primitivos por otros que encarnan sus propias debilidades, a los cuales se entrega como si se tratase de dioses de verdad, así pasa con el dinero, el sexo, el poder y la belleza, y por supuesto, en su vanidad nunca perdida: se erige como su propio dios, suena raro pero si lo analiza con mucha honestidad puede descubrir que también usted ha caído o cae en la práctica de autoerigirse como dios, medite sobre las siguientes evidencias que se encuentran en quien se endiosa, después concluirá si conoce o ha conocido a alguien con las siguientes características:

Determina normas de conducta para sí mismo y para los demás, se atreve a increpar o cuestionar hasta el propio Dios, haciéndole la típica pregunta del ¿”por qué a mi?, y con mas atrevimiento “¡esto no es justo!”, fija las metas y la forma “correcta de hacer las cosas”, asume el papel de Dios.

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El refugio – Helmut Schatte

“Nos cuestionábamos siempre por qué nosotros no nos hubiéramos muerto, por qué quedamos vivos, nos resultaba cruel que quedáramos vivos ahí abajo y después tuviéramos que morirnos debilitados, totalmente desnutridos”. (Yonni Barrios).

Cada día, al regresar a casa por los mediodías y las tardes, tomé la costumbre de prender la televisión para saber cómo iba el rescate de los mineros chilenos. Eso quedó atrás con un final feliz y como gran ejemplo para todo el mundo. El liderazgo de un presidente equilibrado, sagaz y prudente, y por supuesto, la de un equipo de rescate eficiente, disciplinado y coordinado cual reloj suizo. Barrios relató que llegaron al extremo, preparándose para morir. Esa tarea fue cumplida mediante la lectura de la Biblia y la asistencia desde afuera de un pastor evangélico. Creo que Dios vio arrepentimiento y por ello decidió rescatarlos. Algunos volverán a sus viejas costumbres, pero aún así sus vidas quedarán marcadas. De eso no podrán escapar. El propio presidente Piñera afirmó cómo Dios Padre mostró toda su grandeza, algo que no está en discusión pues las alusiones a Dios y a Jesús quedaron evidenciadas en los cascos y bragas de los rescatados.

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Regreso a la esperanza – Helmut Schatte

No he podido apartar de mi mente lo sucedido en el campamento La Esperanza, mina San José, Chile, por el paralelismo en cómo un verdadero creyente debe ver su permanencia en esta tierra: verdadero prisionero y desterrado, que recurre a la “sonda” de luz, fe y orientación que Dios Padre nos da a través de su Palabra.

Hay, sí, algo diferente, enorme y trascendente: esos mineros tienen la ventaja de conocer este mundo real para ser confinados a uno irreal, sofocante, inhumano, desesperante y agresivo, ¿Qué pasaría si nosotros primero hubiésemos vivido en el cielo real y nos hubiesen desterrado a la tierra? Me atrevo a afirmar que todos seríamos santos.

Esos hombres tienen algo especial, cualquiera en esas condiciones se hubiera vuelto loco. La claustrofobia hubiese sobrevenido rápidamente y hasta alguno hubiese sentido la tentación del suicidio, ¡pero no!, más bien se han mantenido en una relativa normalidad, tan cerca de la normalidad, que al poco de establecer comunicaciones con la superficie, un puñado de ellos se acordaron de sus malas costumbres y empezaron a reclamar cigarrillos, les mandaron parches de nicotina para compensar la ansiedad.

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