El refugio – Helmut Schatte

“Nos cuestionábamos siempre por qué nosotros no nos hubiéramos muerto, por qué quedamos vivos, nos resultaba cruel que quedáramos vivos ahí abajo y después tuviéramos que morirnos debilitados, totalmente desnutridos”. (Yonni Barrios).

Cada día, al regresar a casa por los mediodías y las tardes, tomé la costumbre de prender la televisión para saber cómo iba el rescate de los mineros chilenos. Eso quedó atrás con un final feliz y como gran ejemplo para todo el mundo. El liderazgo de un presidente equilibrado, sagaz y prudente, y por supuesto, la de un equipo de rescate eficiente, disciplinado y coordinado cual reloj suizo. Barrios relató que llegaron al extremo, preparándose para morir. Esa tarea fue cumplida mediante la lectura de la Biblia y la asistencia desde afuera de un pastor evangélico. Creo que Dios vio arrepentimiento y por ello decidió rescatarlos. Algunos volverán a sus viejas costumbres, pero aún así sus vidas quedarán marcadas. De eso no podrán escapar. El propio presidente Piñera afirmó cómo Dios Padre mostró toda su grandeza, algo que no está en discusión pues las alusiones a Dios y a Jesús quedaron evidenciadas en los cascos y bragas de los rescatados.

No deseo volver a hablar de los hombres porque estoy casi seguro de que algunos olvidarán sus tribulaciones y también las súplicas que en algún momento dirigieron a Dios. Por desgracia así somos los hombres. Lo que en mí quedó grabado para siempre fue la misericordia de Dios, la evidencia de una situación en la que la vida pendía de un fino hilo, hasta en los últimos instantes, según las declaraciones del rescatista Manuel González. Primero en bajar y último en subir, con la más impresionante de las naturalidades, contó que de vez en cuando “se desprendían planchones” del techo. Solo imaginarse eso es también espeluznante.

Desde el nombre de la mina hasta sus peligros representan para mí gráficamente lo que es nuestra vida en esta tierra. Establece lo que se llama en geometría, congruencias, que se podrían resumir más o menos así: “La vida en el confinamiento de las profundidades es a nuestra vida en la superficie, como la vida en la superficie es a lo que será la vida eterna junto al Creador”.

Estamos confinados en este mundo, expuestos a peligros que no solo pueden destruir nuestro cuerpo, sino lo único sublime y trascendente que poseemos: Nuestra Alma. También tenemos un refugio donde descansar y recibir ayuda: Jesucristo. Sondas, una que nos alimenta y nos conforta que es la Palabra y otra más amplia llamada Esperanza. El transporte que nos llevará ante la presencia de Dios Padre cuando Él decida rescatarnos de estas profundidades.

Los mineros leían Salmos: “Mas Jehová me ha sido por refugio, y mi Dios por roca de mi confianza”“Porque en su mano están las profundidades de la tierra, y las alturas de los montes son suyas” (94:22). (95:4).

“Dios mío, fortaleza mía, en Él confiaré; mi escudo, y el fuerte de mi salvación, mi alto refugio; salvador mío, de violencia me libraste”. (2 Samuel 22:3)

Escrito para: Diario El Tiempo y Ministerio Vivo Para Cristo

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