Vuelve a Él – Noe Tapia Portillo

San Juan 8:10

Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer ¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?

Puede que ya conozcas esta porción de la Palabra pero a causa de los que no, te introduciré en el contexto:

Los fariseos (sacerdotes religiosos de Israel) constantemente buscaban la ocasión para encontrar un error en el Maestro, y en este caso particular le trajeron una mujer sorprendida en el acto del adulterio y le preguntaron que si que debían hacer con esa mujer, la ley decía que apedrear a tales mujeres pero ¿Él qué decía al respecto? (Juan 8:4-5).

Que interesante pregunta, la Ley era clara, la Ley es dura y tajante ¿Qué hizo Jesús? Mientras que estaban los fariseos acusando a la mujer y poniéndola en evidencia, el Señor Jesús los ignoró, la Palabra dice que ni los volteó a ver (Vrs 6). No fue sino hasta que se fueron que habló con ella: Juan 8:10 Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?

¡Qué hermoso cuadro! Constantemente cometemos errores, pero lo peor es la culpabilidad que te ocasiona haber metido la pata ¡otra vez! (frase mexicana). Y no falta algún insensible que aproveche el momento para señalarte ante otros y exhibir tus defectos, (claro eso lo hacen para calmar su conciencia y no sentirse tan mal por los propios). No sé como te hayan tratado otros pero ten por seguro que el Señor nunca te avergonzará frente a otros, no te exhibirá ni menospreciará como otros lo harían, sino que ÉL está interesado en restaurar tu corazón.

El pecado suele hacernos sentir terribles. Nos degrada y nos hace pensar que somos lo peor, y tal vez lo seamos, sin embargo, cuando fallemos o pequemos, no debemos dejar que un remordimiento nos haga alejarnos de nuestra hermosa amistad con el Señor.

Antes bien, corramos a sus pies, confesemos nuestra falta y pidámosle perdón, pues Él se deleita en tener misericordia (Miqueas 7:18).

Como lo apreciamos en el versículo citado, Él no exhibió el pecado de la mujer, pues nuestro Señor no piensa como los hombres. Él no juzga al débil, no desecha al perdido ni al desamparado, Él vino a salvar lo que se había perdido, vino a darnos vida y vida en abundancia, ¡ÉL VINO A QUITAR NUESTRAS ROPAS VILES Y A VESTIRNOS DE GALA! (Zacarías 3:4) ¡Aleluya!

Tal vez has fallado demasiado, muchos te han rechazado y mirado como alguien menos, hasta has tenido el pensamiento de que ni Dios mismo te recibirá…. No pienses erróneamente, Él no te rechazará otros lo harán más Él siempre te recibirá, ACÉRCATE OTRA VEZ A ÉL.

Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo Yahweh, el que tiene misericordia de ti. (Isaias 54:10)

Autor: Noe Tapia Portillo

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