El nos habla claro – Rene Giesemann

Salmos 119:38 (Reina-Valera 1960)

“Confirma tu palabra a tu siervo, que te teme.”

Hace un poco más de una semana, mi hermano, cuñada y sobrino se mudaron a la ciudad de Panamá, y tuve la gran fortuna de poder viajar justo una semana después de su llegada a esa ciudad por cuestión de negocios y aproveché durante mi visita el mostrarles los lugares interesantes, darles los consejos que consideré necesarios, presentarles a mis amigos y conocidos en la ciudad, de manera de hacerlos sentir lo mas cómodos y adaptados posible.

Tanto ellos como yo tenemos una especial inclinación por la comida oriental, por lo que consideré una buena idea invitarlos a cenar a un lugar donde hacen un tepanyaki (parrillada japonesa) con un gran espectáculo, lo cual sabia de antemano emocionaría a mi sobrino al verlo.

Una vez ahí, el parrillero no solo cumplió con su cometido de alimentarnos con platillos deliciosos, entretenernos, sino que además nos hizo reír, haciendo que la velada fuera casi perfecta, lamentablemente esto se vio ensombrecido por el lamentable servicio que recibimos por el mesero, tanto nosotros como la familia con la que compartimos la parrilla frente a nosotros, tuvimos que pedir las cosas en repetidas ocasiones y cuando por fin lográbamos ser atendidos, teníamos que enfrentarnos a la larga cara del mesero quien evidentemente no estaba de humor de atendernos.

Al momento de solicitar la cuenta (lo único que llegó rápido esa noche), nos percatamos que el mesero había abonado la propina al total de la cuenta, lo cual me pareció por demás atrevido y cuando regresé la cuenta, no iba acompañada solo de mi tarjeta de crédito, sino de una nota a la cajera donde expresaba mi inconformidad de pagar propina forzada ante el mal servicio que había recibido, la cuenta regresó después de casi 20 minutos con una aclaratoria ruda del mesero diciendo que no nos habían cobrado la propina.

La manera ruda del mesero y la falta de una disculpa me molestaron aún mas, al salir del lugar, pregunté por si el gerente del lugar se encontraba en casa, y me decían que si, a lo que no pude mas que asumir que no le interesaba la situación sucedida, así que en cuanto llegué a mi cuarto de hotel, lo primero que hice, fue prender mi computadora y entrar al sitio de tripadvisor a exponer mi queja y fue cuando emití mi queja que entendí que lo que realmente quería no era el quejarme, ni tampoco el que me descontaran la propina, lo único que quería era una disculpa, la cual ni con mi queja en el sitio Web iba a lograr.

después de esto me puse a orar y a meditar sobre el asunto y me acordé de las muchas veces que he escuchado y leído comentarios de personas que piensan que Dios les da señales, que creen que Dios les da a entender algo, como si fuera un acertijo similar a lo que sucede en las películas o en las series de detectives, pero no es así!, pensamos que es así, porque tenemos la creencia inconciente de que Dios es como nosotros, cuando no es así, de hecho, si Dios hubiera estado en mi situación, lo mas probable es que hubiera enfrentado al mesero, le hubiera hecho saber su molestia y hubiera recibido la disculpa que esperaba, en vez de hacer como yo escribiendo una nota a alguien mas y teniendo una comunicación indirecta.

Amo tener comunicación con Dios, ya que El me deja saber claro cuando me habla, y cuando quiere que haga algo, o necesita algo de mi, no solo me lo deja saber de manera clara, sino que en todas las ocasiones me lo confirma, de manera que jamás dude sobre las cosas que vienen de El, El si que es un gran comunicador, no como nosotros!.

Este lunes le quiero hacer una invitación especial, despeje de su mente esas maneras en las que cree que Dios le habla, es un mito el hecho de creer que Dios le habla cuando usted abre su Biblia al azar, eso puede ser una coincidencia, pero no la voz de Dios, o cuando ha visto en la Biblia que Dios hable aleatoriamente o con acertijos a los hombres en la biblia, le invito a conocer de la palabra y a entender que Dios SIEMPRE le hablará basado en su palabra, ya que El es fiel, no a nosotros, sino a su palabra, que escribió y estableció para bendecirnos.

Autor: Rene Giesemann
Tomado de: Devocional-Diario.com

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