La Regla de Oro – Helmut Schatte

Me atrevo a afirmar que la mayoría de nosotros seguimos estas reglas: investigar algo que anuncie el cómo alcanzar un objetivo codiciado, con poco trabajo, sin mayor costo monetario ni de trabajo físico o intelectual, por ejemplo: “cómo hacerse rico con poco esfuerzo”, o “cómo rebajar de peso comiendo de todo”. Cuando compramos un aparato nuevo, sea este un carro, un televisor o una licuadora, sentimos la necesidad de conocer cuál tipo de combustible usa, si se puede usar a la intemperie, si aguanta calor o bajas temperaturas, etc. En este caso, la regla de oro la da el fabricante, pues es él quien sabe cómo conseguir el funcionamiento óptimo de su objeto fabricado, indicando en un manual cómo se debe y cómo no se debe operar, ¿existe mejor recomendación que la del fabricante?

¿Qué diría usted si descubre que existe una regla de oro para la convivencia pacífica, fraternal y próspera en Venezuela? Una regla que no incomode ni a los partidarios del socialismo, ni a los que creen que el capitalismo es lo más adecuado, que no sea una utopía como se le acusa al comunismo, ni despiadado como se señala al capitalismo liberal. Tal regla sí existe, muchos la conocen, pero sucede que cuando se da a conocer en público muchos se niegan siquiera a considerarla, alegando: “no existe maravilla que sea barata, mucho menos gratis”.

En nuestra ceguera y torpeza, solemos ignorar lo más elemental. Por ejemplo: hemos contaminado hasta el extremo de convertir el agua que bebemos y el aire que respiramos para nuestra sobrevivencia, casi en veneno mortal.

Existe el secreto para la buena convivencia, ha estado frente a cada uno de nosotros, pero cada uno de nosotros, en nuestra propia estupidez, no hemos querido verlo. Es poderoso y sencillo, al punto de parecer propuesta infantil, dice más o menos así: “Traten a los demás como ustedes mismos quieren ser tratados.”

¿Alguien puede estar en desacuerdo con esto?, ¿no viviríamos en un mundo ideal si cada quien actuara bajo esta premisa?

“Nadie puede cambiar el color de su piel, ni puede un leopardo quitarse sus manchas, tampoco nosotros podremos hacer lo bueno si solo practicamos lo malo”, ¿verdadero o falso? Quien cree en un Dios vivo no dejará de aceptar que: “Si Dios no edificare la casa, en vano trabajan los que la construyen. Si Dios no guardare la ciudad, en vano la custodia la guardia”.

Todo esto ha estado frente a nuestros ojos, pero muchos no lo han querido ver, la primera cita es del propio Jesucristo (Mateo 2, Lucas 6:31), la segunda del profeta Jeremías (13:23) y la última la encontramos en el Salmo 127:1. “Maldito el varón que confía en el hombre, y pone su fuerza en su brazo, y su corazón se aparta de Dios”.

“Bendito el varón que confía en Dios y cuya confianza es Dios. Porque será como árbol plantado junto a la corriente de agua, que junto a la corriente echará raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde, y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto”. ( Jeremías 17: 5, 7-8)

Escrito para: Diario El Tiempo y Ministerio Vivo Para Cristo

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